En una semana típica, los directivos destinan 49 horas a su trabajo y 20 a la familia y los hijos. Y se muestran poco conformes con la desbalanceada distribución entre ambos ámbitos: el 70% siente que trabaja “arduamente”, el 53% piensa que debería trabajar menos horas y el 49% estima que si bien le dedican muchas horas al trabajo, no cuentan con el tiempo necesario para finalizar sus tareas, según una investigación coordinada por el centro de investigación CONFYE-Standard Bank del IAE Business School y de la que participaron otras siete escuelas de negocios de la región.
La alta demanda laboral en términos de horas lleva a que sólo un 24% de los ejecutivos perciba que tiene un espacio para planificar o reflexionar sobre su desempeño y carrera profesional.
Las principales causas a las cuales atribuyen esta situación son los picos de trabajo difíciles de prever y la propia autoexigencia, de acuerdo “Los motivos de tantas horas de trabajo no están dados tanto por una demanda externa explícita en cuanto a la cantidad de tareas sino sobre todo por una oferta permanente de los argentinos que se autoexigen mucho. Esto se puede dar por una percepción de inestabilidad laboral o de falta de reflexión de saber para qué hacen las cosas”, destacó Guillermo María Fraile, director del centro CONFYE y responsable de la presentación.
Según el relevamiento, realizado en ocho países sobre más de 1.600 ejecutivos de compañías medianas y grandes, los consultados no perciben la demanda familiar con la misma intensidad.
Aunque los directivos sondeados reconocen que tienen poco tiempo para dedicarle a la familia, no sienten que ésta les requiera mucha dedicación. Es el trabajo quien demanda. Sin embargo, para sostener su vida laboral, se apoyan en sus seres queridos y en su entorno y no en las políticas de las empresas.