Por Victor Candi, Director de Día de Negocios.
Son tantos y tan complejos los desafíos que Internet debe asumir día a día que quizás uno de los más relevantes haya quedado escondido en la bruma de la explosión de la Red.
Me refiero en esta oportunidad a lo que en el mundo de la comunicación tradicional lo hemos conocido con el nombre de “calumnias e injurias”.
No he podido sustraerme a la sorpresa que me causa la facilidad con la que se dicen muchas cosas en Internet, protegiéndose sus autores siempre en una necesaria libertad de expresión, la cual actúa como gran paraguas protector de acusaciones sin sentido, insultos y descalificaciones. Todo bajo un férreo anonimato que mucho se parece a la cobardía de quien tira una piedra escondido en la multitud de una marcha.
Recibo entonces con satisfacción la iniciativa de la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos que tiene en estudio la aplicación de normas de funcionamiento para los blogs que caigan en práctica de promociones engañosas o que, directamente, pretendan pasar por alto sus propios conflictos de intereses.
Como factor no deseado en el desarrollo de la web vemos hoy como muchos bloggers utilizan su espacio de expresión sin respetar las normas básicas de una convivencia civilizada y hacen en la red lo que no se animarían ni por un instante a realizar en el terreno físico.
Es fácil encontrar en foros y sitios donde uno puede dejar su comentario, expresiones insultantes, acusaciones sin fundamento, rumores de los más disparatados en relación a personas, instituciones, gobiernos o empresas. Eso sí, todos escritos en forma anónima, con pseudónimos cuasi infantiles, dibujando entre todos un escenario de juvenilia irresponsable y caótica.
Como co-responsables de esta pintura posmoderna aparecen ciertos sitios que no se preocupan ni por chequear la información que ponen a disposición de todo el mundo ni por identificar a sus autores.
¿Por qué si un diario impreso pide fotocopia del documento de identidad para publicar una carta de lectores, no aplica el mismo criterio para subir a la web un “posteo”?
¿Y por qué innumerables sitios de Internet no se asumen como editores y dejan que en sus páginas se insulte y calumnie alegremente?
Es en este marco que uno no puede menos que celebrar el juicio que se lleva adelante contra Google Italia por haber alojado durante dos meses un video donde aparecen cuatro adolescentes que golpean a un chico deficiente mental. Este episodio deja claramente expuesta la responsabilidad que podría caberles a quienes manejan un sitio de Internet donde sus usuarios pueden colgar sus archivos.
Google Italia ha buscado defenderse en este juicio con un argumento al menos cuestionable: “Es como perseguir a los empleados de Correos por el contenido de las cartas. Es un ataque a un Internet libre y abierto”, dijeron sus abogados.
Existe, a mi entender, una diferencia sustancial entre una carta que lleva un cartero y un posteo en la web; entre la Oficina de Correos y Google en definitiva. Y esa diferencia es que el cartero lleva su carta cerrada y Google la abre para que la lean todos aquellos que así lo deseen.
El camino hacia una web más seria y responsable es muy largo. Quizás sean las grandes compañías las que deban comenzar con los cambios, implementando la “identificación digital”, una suerte de DNI para participar de la web. Las entidades financieras ya lo hacen al obligarnos a registrarnos con nuestro documento y con una clave que debe obtenerse en un cajero automático si queremos chequear nuestras cuentas bancarias. ¿Será tan difícil replicar lo que ya se hace bien?