Los eventos mundiales se están convirtiendo en un punto de alta relevancia en la agenda de los gobiernos de todo el mundo porque les permiten a una ciudad o país poder actuar con rapidez y determinación en una amplia gama de asuntos y actividades que normalmente estarían sumidos en largos debates y trámites burocráticos. Como la mira de toda una audiencia global va a estar sobre el anfitrión del acontecimiento, se estimula a que éste ofrezca un servicio de muy alto calibre.
Los países emergentes y las grandes ciudades están tratando de distinguirse dentro del nuevo orden económico mundial siendo anfitriones de eventos importantes que les permitan colocarse a la vanguardia y los ubiquen en la mira del escenario mundial. Los plazos rígidos que presentan estas competencias, con fechas de inicio y finalización determinadas con antelación y completamente inamovibles; el protagonismo absoluto de los campeones y el continuo apoyo de la comunidad aceleran este desarrollo y ocasionan un cambio que en situaciones normales tomaría décadas.
Estos grandes acontecimientos deportivos les otorgan a los organizadores la posibilidad de impulsar el turismo, convirtiendo a la sede en el epicentro obligado a la hora de recibir afluencia turística desde los más diversos destinos, convocando a los fanáticos deportivos, a las grandes marcas y a las cadenas de televisión más importantes. Además, permiten mejorar la infraestructura a través de la construcción de estadios, caminos, centros de entrenamiento de alto rendimiento, accesos, hotelería y hasta ciudades olímpicas. Pero sobre todo, les posibilitan a los países organizadores acceder a una oportunidad única: la de elevar el rango de la sede, ubicándola entre las principales marcas de la lista Fortune 500.
Mayor colaboración entre los sectores público y privado
Además del desarrollo económico y social, el hecho de acoger un evento de reconocimiento y relevancia globales produce beneficios adicionales para el anfitrión. Estos significan una transformación evidente en el corto plazo, pero pueden traer aparejados beneficios que perduren más allá de la fecha de cierre del evento y continúen en el largo plazo.
Por otra parte, estos grandes acontecimientos deportivos fomentan la colaboración entre el sector público, el sector privado y la comunidad. Rompe las barreras entre los partidos políticos, iguala los distintos niveles del gobierno (nacional, provincial y local). Además, este tipo de organizaciones monumentales, que cuentan con un cronograma pautado y planificado, mejoran la eficiencia del Estado y se establecen como un ejemplo para fomentar y promover nuevas ideas y comportamientos, tales como la sustentabilidad del medio ambiente, la diversidad étnica y social y la participación activa de la comunidad.
Por ejemplo, los organizadores de los Juegos Olímpicos de Invierno Vancouver 2010 se propusieron un objetivo claro: convertir a estos juegos en “Los Juegos Olímpicos más ecológicos de la historia". Para lograrlo les solicitaron a las personas que planeaban viajar al evento la compra de “compensaciones de carbono” (carbon offsets) para contrarrestar las 268 mil toneladas de emisiones de CO2 que esta competencia va a producir. Casi la mitad de estas emisiones de dióxido de carbono será generada por los espectadores que viajarán a presenciar los Juegos de Invierno.
Legado posterior al evento
Este tipo de eventos inician un legado desde el mismo momento en que se postula la candidatura para convertir a una ciudad o país en sede del acontecimiento. El alcance de estos se extenderá más allá del momento en que se dé el cierre de la ceremonia de clausura. Por esta razón se vuelve fundamental elevar las aspiraciones del anfitrión más allá del propio evento.
Todos los beneficios antes mencionados dependen de la capacidad del anfitrión para planificar y ejecutar de manera efectiva el desarrollo de la competencia internacional, durante todas las etapas del ciclo de vida del evento, desde el momento de la postulación como sede hasta la ceremonia de clausura del mismo.
Por ejemplo, la ciudad de Londres decidió postularse como candidata para albergar los próximos Juegos Olímpicos de 2010 con el objetivo de acelerar y fomentar el desarrollo de un nuevo centro económico en la zona Este de la ciudad.
Mayor competencia
Más y más países y ciudades buscan ser sedes de los eventos principales porque incrementan su influencia económica. A las organizaciones como el Comité Olímpico Internacional (COI) y la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA) les interesa ampliar su alcance mundial impulsando la realización de sus eventos en los países emergentes.
El papel fundamental del gobierno antes y durante el acontecimiento es mantener a la gente a salvo, brindando seguridad, con el objetivo de que estén dadas las condiciones necesarias para que el evento sea un éxito. Los anfitriones aspirantes deben hacer todo lo que esté a su alcance para poder hacer frente a estos desafíos. Con el tiempo, todo el dinero, esfuerzo y seguridad pueden tener un impacto positivo y duradero en los atletas, espectadores, las organizaciones internacionales y en el anfitrión mismo, aún mucho después de que el evento haya terminado.