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Lunes, 25 de Junio de 2012

Con variaciones según el rubro, el consumo se desacelera


En un marco de creciente incertidumbre, sin poder refugiarse en el dólar ni alternativas de inversión que superen la inflación esperada, los agentes enfrentan serias dificultades a la hora de decidir qué hacer con sus pesos. Aquellos que se quedan en pesos se encuentran en una situación muy proclive a consumir. El contexto de tasas pasivas reales muy negativas y la abundante oferta de descuentos y cuotas fijas, fomenta aún más la compra de bienes.




Sin embargo, y pese a estos “incentivos” a gastar, el consumo muestra cada vez más síntomas de desaceleración, en un contexto de estancamiento de la actividad y caída de la inversión. La debilidad del consumo responde a diversos factores.

Dado que los precios trepan mes a mes, el retraso en el cierre de paritarias y la mayor fragmentación de los aumentos genera una reducción momentánea del poder adquisitivo de los salarios y diluye la ilusión monetaria, afectando la performance del gasto.

Asimismo, los trabajadores ven afectados sus ingresos como consecuencia de la menor cantidad de horas trabajadas y las crecientes suspensiones. Esto lleva a las familias a tomar un comportamiento más precavido en sus egresos.

Otro de los condicionantes del consumo fue el shock negativo que sufrieron las expectativas: los consumidores esperan actualmente una peor performance de sus ingresos y una mayor inflación para el próximo año. Ante este escenario, algunas familias deciden ahorrar una porción mayor de sus ingresos y no endeudarse para enfrentar épocas más difíciles, aún sabiendo la pérdida de capacidad futura de compra en la que incurren.

Teniendo en cuenta el deterioro de la actividad económica, la elevada inflación, la baja creación de puestos de trabajo esperada, la reducción de horas extras y el incremento de suspensiones, el consumo consolidará su desaceleración.

No obstante, una vez que se perciban los postergados aumentos alcanzados en paritarias el gasto podría revitalizarse. En definitiva, parecería ser que el “combustible” de la demanda dependerá casi exclusivamente del impacto que pueda generar la materialización de los nuevos acuerdos salariales.

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